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El 22 de Mayo de 1930 nacía Agustín Tosco y el 28 y 29 de Mayo de 1969 en las calles de Córdoba los trabajadores y los estudiantes realizaban un levantamiento popular contra la Dictadura de Onganía que quedará en la memoria de la clase obrera para siempre. Era el tiempo de la CGT de los Argentinos.

Agustín Gringo Tosco nació en Coronel Moldes, Río Cuarto, provincia de Córdoba el 22 de mayo de 1930, y falleció el 4 de noviembre de 1975. Fue un dirigente sindical argentino de ideología marxista, miembro de la CGT de los Argentinos y uno de los principales actores del Cordobazo.

45 años intensos vivió este "Hijo del pueblo", como lo llamará el historiador Osvaldo Bayer quien así lo recuerda: "Lo conocí en el congreso organizativo de la CGT, en 1956. Congreso que era nada menos que presidido por un capitán de navío, Patrón Laplacete. Nada menos. Las Fuerzas Armadas con el automandato de ser ellas las que dictaban la vida obrera. Realidades argentinas. Pero también ese dirigente obrero de 26 años, allí con esa claridad y ese coraje civil a toda prueba: no, señores, así no se hacen las cosas. Ni con bombardeos, ni a balazos, ni con cárceles, ni dictaduras uniformadas. Sí con asambleas y con marchas por la calles. A los 27 años de edad ya era secretario general de Luz y Fuerza de Córdoba."

"Tosco en las calles del Cordobazo, Tosco en las asambleas obreras, Tosco en los actos con miles de obreros y estudiantes. Su palabra. Un país para todos, con pan para todos, con techo para todos, con escuelas para todos. Y fundamentalmente con trabajo para todos, y allí, los obreros, sí el trabajo, pero también cultura, y las horas de descanso para la cultura, jugar con sus niños, el amor con sus mujeres. Agustín Tosco, cariñosamente “El Gringo”. Querido para siempre, para siempre en el recuerdo."

“Rucci y sus discípulos son prisioneros por sus compromisos con los detentadores del poder, presos de la custodia que les presta el aparato policial; presos de una cárcel de la que jamás podrán salir: la de la claudicación, indignidad y participacionismo”, decía el Gringo sobre la burocracia sindical. El Gringo, que sufrió "injustas detenciones bien prolongadas, que fue condenado a ocho años por un tribunal militar y que recuperó la libertad a los diecisiete meses."

Nuestro ideal

200 años desde la Revolución de Mayo hemos conmemorado en estos días. Castelli, Belgrano, Moreno, San Martín fueron nombrados, leídos, sus gestas y sus ideas recordadas. Y el pueblo. que tiene héroes y heroínas, sabe que no son de bronce, que fueron hombres y mujeres apasionados y apasionadas, y por eso en ellos se identifica.

Osvaldo que conoció y leyó a Agustín dice: "Sus cartas: nunca vencido, nunca lágrimas, siempre esperanzas." Como esa carta a Susana Funes, escrita en la cárcel de Villa Devoto en la primavera 1971 y que nos atrevemos a espiar:

"Vida mía te extraño mucho. Hago fuerza para que todo vaya bien. SI perdemos no importa. Pero que no sea por falta de trabajo, entusiasmo y optimismo. Te quiero muchísimo y tengo absoluta confianza en tu trabajo por nuestro ideal y por nuestro cariño. Fuerza, arriba, adelante. Con todo cariño me acompaña siempre tu inolvidable recuerdo. Besos y abrazos. Triunfaremos. Agustín)

Andrés Rivera, que leyó a Castelli dice que en su cuaderno de tapas rojas, el orador de la revolución, escribió:

"Aclarado que no soy dueño de moneda alguna –sea de cobre, plata u oro–, ni de objetos de valor, cotizables en mercado alguno, ni de tierras, detallo lo que circunstancialmente poseo:
• Un ejemplar del Quijote, regalo de mi padre.
• Un libro, en inglés que me envió míster Abraham Hunguer. Su título, Romeo y Julieta, me fue traducido por Agrelo.
• La traducción de Moreno, firmada por Moreno de El contrato social.
• La espada que cargué en Suipacha.
• Un juego de ajedrez de peltre.
• Un poncho rojo, tejido por una de las mujeres de Antonio Vergara, con quién hablé, entre los escombros de Tihuanaco, en el invierno de 1811.
• La copa de plata que me regaló la señorita Irene Orellano Stark, en el verano de 1807.
• Un peine de marfil.
• Dos casacas de paño azul.
• Cinco camisas. Una, muy gastada.
• Un largavista.
• La pistola con la que maté a la muerte, en una calle de piedra.
• Dos pistolas, que pertenecieron a Moreno, de corto alcance, que me regaló su viuda.
• Un espejo de mano, ovalado, con marco y mango de plata, regalo de otra patriota que frecuenté en el Alto Perú.
• Una valija de cuero negro, con las manijas rotas.
• Un cuchillo de Sheffield, que el gringo Beresford regalo a S.R.P., una tarde de enero, en los riachos del Tigre, y que S.R.P. me regaló a mí, no sé por qué.
• El sobre de cuero de venado, cuando se desocupe.
• Dos cuadernos de tapas rojas: mi hijo Pedro les dará el destino que mejor le plazca.
• Cuatro plumas que me sirvieron para escribir los dos cuadernos de tapas rojas.
• Un tintero con base de piedra.


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Mayo para seguir creyendo que "la Revolución es un sueño eterno"

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