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"Comprendí que la obligación más elemental de un escritor preocupado por la causa del socialismo era la de manifestar personalmente su solidaridad con esa grande y difícil experiencia que empezaba en un país del cono sur de América Latina".

Casi nadie va a sacarlo de sus casillas

El caballo relincha, el perro ladra,
la suma de los ángulos de un triángulo
es igual a dos rectos,
la sopa, la conciencia, el alcaucil, después
del dos el tres, después del hoy, mañana,
casi nadie lo sacará de sus casillas.

Casi nadie ni nada, porque
¿Cómo tomar en serio esos latidos
en que el sueño es acceso, esas miradas
de insoportable lucidez en un tranvía,
eso que ahora dice: huye,
pero al final, al fin y al cabo, no era más
que un gajo de naranja
reventando en la boca?

¿Cómo tomar en serio que una puerta
dé a la tristeza cuando el arquitecto
la abre al pasillo, que unos senos
dibujen paralelos sus jardines
cuando es la hora de ir a la oficina?
imposible negar las evidencias
dice el doctor y dice bien, inútil
sacar de sus casillas al honesto almanaque,
San Rulfo, Santa Tecla, San Fermín,
La Asunción,
el caballo relincha, el perro ladra,
casi nadie le ofrece en una esquina
un pedacito suelto de bicicleta o trompo,
casi nunca es verano en pleno invierno
por razones de estricta pulimentada lógica,
hay que ser lo que es o no ser nada, y nada
lo sacará de sus casillas, nadie
lo sacará, y si un caballo ladra
no lo sabremos nunca, porque
los caballos no ladran.

Bastaría un apenas, un no quiero,
para empezar de otra manera el día,
Hervir la radio con las papas
y a cada chico darle un cocodrilo
para que huela a miedo en las escuelas,
Sacar los muertos a que tomen aire,
meter las mitras en la mayonesa,
actividades subversivas, claro,
pero otras cosas hay: fusiles
corren por las picadas, Sudamérica
crece en su selva hacia la aurora,
de tanto arroz bañado en sangre
nacerá otra manera de ser hombre.

No cito más que apenas estas cosas,
saco de sus casillas a unos cuantos
que todavía creen en la poesía
encasillada en su vocabulario
lleno de compromisos con lo abstracto.
(La suma de los ángulos de un triángulo).
((Los caballos no ladran)).
(((Dice el doctor, y dice bien)))


Biografía

















Hace 95 años, el 26 de agosto de 1914, nacía Julio Cortázar. Brillante cuentista, renovó el género narrativo y maravilló al mundo con la introducción de lo fantástico en la realidad cotidiana.

Julio Florentino Cortázar nació en Bruselas, el 26 de agosto de 1914, siendo su padre agregado de la embajada de Argentina en Bélgica. Pocos años después, cuando finaliza la misión diplomática del padre, la familia Cortázar vuelve a Argentina y se instala en Banfield, donde pasa su infancia.

Desde sus primeros años muestra una afición desmedida a leer y a escribir. Según él mismo cuenta, un médico le recetó "prohibirle los libros durante cuatro o cinco meses. Lo cual fue un sacrificio tan grande que mi madre, una mujer sensible e inteligente, me los devolvió". Cursa estudios en el Escuela Mariano Acosta y en 1937 obtiene el título de profesor normal en letras. Comienza a ganarse la vida como profesor de Instituto en Bolívar y Chivilicoy y, en 1945, lo contratan para impartir clases de literatura francesa en la Universidad de Cuyo. Su disidencia con el peronismo lo lleva a renunciar a este cargo y se traslada a Buenos Aires, donde lo nombran como gerente en la Cámara del libro y, ocasionalmente, trabaja como traductor. Según su propia crónica: "De 1946 a 1951, vida porteña, solitaria e independiente; convencido de ser un solterón irreductible, amigo de muy poca gente, melómano lector a jornada completa, enamorado del cine, burguesito ciego a todo lo que pasaba más allá de la esfera de lo estético".

En 1946, Borges, en la revista Sur, publica el primer cuento de Cortázar: La casa tomada y tres años después Los reyes, primera obra que firma con su nombre. Su primer libro de cuentos Bestiario aparece en 1951. Ese mismo año viaja a París con una beca y decide quedarse en Francia, se dedica a los más variados oficios hasta que consigue trabajo como traductor en la Unesco. Durante esta década aún publicaría dos libros de cuentos que sorprenden por la introducción de lo fantástico en la realidad cotidiana: Final de juego (1956) y Las armas secretas (1959).

Sin embargo su consagración llegaría con Rayuela (1963) una obra que signó una época y a varias generaciones. Rayuela fue una verdadera revolución dentro de la novelística porque llevó hasta las últimas consecuencias la voluntad de transgredir el orden tradicional de una historia y el lenguaje para contarla. Cuando la literatura más exigía una renovación, Cortázar nos enseñó a trastocar todos los órdenes del lenguaje, a desacralizar las palabras y recuperar nuestro desdeñado acento latinoamericano.

Julio Cortázar fue uno de los protagonistas del boom de la literatura latinoamericana. Junto a Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Guillermo Cabrera Infante, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Alejo Carpentier, Juan Rulfo y José Donoso. Sin embargo, de ese grupo de escritores eminentemente comprometidos con la realidad latinoamericana, Cortázar era uno de más alejados de la política y más apegado al puro placer de la literatura.

No obstante, cuando en 1961 viaja a Cuba, cambió radicalmente su visión de la política lo que lo obligó a replantear su relación con Latinoamérica y Argentina. A partir de ese momento, Julio Cortazar se compromete con todos los procesos revolucionarios latinoamericanos. En 1971 Cortázar asiste a la asunción presidencial de Salvador Allende en Chile y declara: “Comprendí que la obligación más elemental de un escritor preocupado por la causa del socialismo era la de manifestar personalmente su solidaridad con esa grande y difícil experiencia que empezaba en un país del cono sur de América Latina”.

Años más tarde, cuando las dictaduras militares cubrieron a Latinoamérica comienza a militar activamente en foros y asambleas de derechos humanos para denunciar el genocidio. En 1973 aparece la novela Libro de Manuel y destina los derechos de autor a la ayuda de los presos políticos en la Argentina. A principios de los años ’80 viaja a Nicaragua y apoya al Frente Sandinista de Liberación Nacional. Después de 10 años sin pisar la Argentina, Julio Cortázar llegó a comienzos de diciembre de 1983. Raúl Alfonsín estaba a punto de asumir. Cortazar solicita un encuentro con el presidente, pero el escritor y el político nunca se encontran. El 12 de febrero de 1984, Julio Cortázar muere en París, sus restos descansan en el cementerio de Montparnasse.

ps:

Poema publicado por el Boletín cultural de la Red ECO Alternativo
25 de Agosto de 2009 - Año IX - Número 91
Bodegueros a cargo: Carlos Carbone y Pablo Marrero
Diseño e imágenes: Carolina Butron Avalos

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